México en los últimos lustros está inmerso en una tragicomedia, porque parece que a todos sus habitantes solo les queda reír y llorar; ante la destrucción de los contrapesos, el estancamiento de la economía y el aumento de la inseguridad el ingenio sale a relucir. La destrucción del Poder Judicial fue revestida de tintes democráticos; entre las críticas más serias y académicas, la espontaneidad salió a relucir como “la Suprema Corte del Bienestar”, “juzgadores del pueblo” y la sugerencia de elegir a otros cargos por voto popular (doctores, pilotos, cocineros, maestros, etc) fue parte del humor agridulce
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